LA PASTILLA AZUL

“¿Se siente mal y tiene problemas relacionados con la disfunción eréctil?  
No hay de que preocuparse: deje todas las dificultades atrás y obtenga una erección fuerte y la experiencia sexual más satisfactoria…”.

Hablemos de la viagra, vitamina V o la pastilla azul.


En 1996, el laboratorio Pfizer descubrió, haciendo ensayos clínicos con pacientes con problemas de corazón, los efectos sobre la erección del sildenafilo. Lo que se diseñó inicialmente para la hipertensión arterial y la angina de pecho, se conoce con el nombre de Viagra  y fue la primera pastilla aprobada para tratar la disfunción eréctil en 1998, EEUU. Fármacos como  viagra, cialis, levitra,…pasados a llamar la vitamina V, la pastilla azul,  ha cambiado la historia de la sexología. El escenario de estas medicinas llega bajo el marco americano, “¿se siente mal y tiene problemas relacionados con la disfunción eréctil?  No hay de que preocuparse: con esta pastilla azul, usted deja todas las dificultades atrás y obtiene una erección fuerte y una experiencia sexual de lo más satisfactoria…”.

Una de las claves del  éxito, es que la sexualidad masculina está en general muy centrada en la erección y la eyaculación, y es donde actúa específicamente estos fármacos. Otra, la importancia de la virilidad en todas las culturas y lo que hemos aprendido a asociar con este concepto. Y la más importante, no se puede negar su eficacia, se ha conseguido descifrar el funcionamiento del pene como una máquina hidráulica. Además permite recuperar la disfunción en caso de personas en tratamiento con antidepresivos (resultado probado sólo en hombres)

Sin embargo los datos de venta de este tipo de fármacos van mucho más allá de los hombres que sufren disfunción eréctil. Finalmente, nos encontramos con un abuso indebido de fármacos, cuando lo importante a tratar es una faceta puramente psicológica: muchos tipos de impotencia empiezan y  acaban en la pérdida de la confianza en uno mismo. Por muchos motivos puede haber uno o varios gatillazos y comienza la ansiedad. La ansiedad dificulta el mecanismo fisiológico necesario de la erección, llevando con mayor probabilidad a otro fallo. El nivel de ansiedad es cada vez más alto. Llega un momento donde aparece ya sólo ante el pensamiento del próximo encuentro. Esto lleva a que se evite el contacto físico y la intimidad. El sexo es una faceta muy importante, pero finalmente se prefiere evitar a tener que enfrentarse a lo que se ve como un fracaso, e implica una visión muy negativa de uno mismo.

Invariablemente todo ello empieza a repercutir en la relación de pareja. Normalmente, ya que la pareja desconoce qué está pasando, lo puede vivir como un distanciamiento emocional hacia ella, una falta de interés, como una pérdida, como una renuncia a la relación y un largo etcétera. En poco tiempo causa y consecuencia se funden y puede derivar a otros ámbitos, dando lugar a mucho  sufrimiento por ambas partes.
En estos casos, ingerir un fármaco puede ser una vía rápida y efectiva, pero también subscribirse en un contrato indefinido donde se acepta de entrada una necesidad que, de hecho no existe. Además centrados en los beneficios primarios, poco se habla de los aspectos negativos y efectos secundarios a corto, medio y largo plazo.

Einstein dijo:” Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad”. Entendida como sensibilidad, flaqueza propia del ser humano probablemente se haya traspasado ya hace tiempo, pero aunque esto sea así, ójala no olvidemos que, en este caso, una vida sexual satisfactoria no pasa ni mucho menos, sólo por las pastillas o por un pene erecto

Autora: Raquel Valdazo, Psicóloga Especialista en Terapia Sexual y Terapia de Pareja. E-mail: sentirescis@gmail.com; Tfno.: 633311168.