INFARTO Y DISFUNCIÓN ERÉCTIL

Infarto y disfunción eréctil van cogidos de la mano. La enfermedad cardiovascular constituye el origen biológico más frecuente en la disfunción eréctil. Es fácil imaginarse pues, que sea habitual la aparición de problemas de erección tras un infarto. Si buscamos estadísticas, tenemos datos que rondan desde un 38% hasta un 78%.
Es un ejemplo claro de la incidencia de factores psicológicos y físicos. 

Después de sufrir un infarto, la pregunta que llega a la cabeza, casi como un obsesión, es ¿y si mi corazón no resiste una relación sexual?


Todos hemos oído hablar de que uno de los muchos cambios fisiológicos que se producen en una relación sexual son las variaciones cardiorespiratorias, que se van incrementando a medida que avanza el juego erótico y la penetración.

Estas modificaciones son:
Taquicardia: aumento del ritmo del corazón.
Aumento de la presión arterial.
Taquipnea: aceleración del ritmo respiratorio, aumenta la frecuencia y la amplitud de la respiración. 
Tras sufrir un infarto, es lógico tener este temor y que aumente la posibilidad de evitación sexual.

¿Y si mi corazón no resiste una relación sexual?
Si vamos a un gimnasio y optamos por una cinta andadora, podemos conocer el gasto cardiaco, medido en METS (como el equipo neoyorquino de la liga de béisbol). Un MET es la unidad ergonómica del gasto cardíaco. Digamos que es el baremo de la cantidad de energía que consume un individuo en situación de reposo. Sobre esta medida, podemos medir la intensidad de una actividad física. Una actividad física moderada supone un gasto entre 3 y 6 METS. Una actividad física vigorosa supone un gasto superior a 6 METS.

Pues bien, el esfuerzo de una relación sexual es el equivalente a andar un kilómetro durante 15 minutos y subir las escaleras de dos pisos, con las siguientes apreciaciones:
Los juegos eróticos y la penetración corresponderían al gasto energético de andar un kilómetro en un cuarto de hora. Subir los dos pisos equivaldría al orgasmo.

En resumen, el gasto total de una relación sexual se sitúa entre 3,7 y 5 METS (DeBusk et al., 2000), correspondiendo a una actividad física moderada.  Esta variación de METS va a depender de diversos factores, edad, nivel tónico base, medicamentos, índice de grasa corporal, etc.
Finalmente, ¿puede usted hacer este esfuerzo sin dificultad? Si usted puede hacer esto cómodamente, significaría que está facultado físicamente para tener relaciones sexuales.

Sin embargo, los datos de consulta indican, que independientemente de la capacidad física, se siguen evitando las relaciones sexuales tras un infarto. Los motivos pueden ser muchos, desinformación, miedo a otro infarto, miedo a fallar, las diferentes reacciones de su pareja,…
Si éste es su caso le recomendamos que se ponga en contacto con nosotros o con otros profesionales de la salud mental. Lo más importante es que no se cierre a dejar de sentir una dimensión tan fundamental en su vida.

Sentire Scis, Terapia sexual, Problemas de erección

Autora: Raquel Valdazo, Psicóloga Especialista en Terapia Sexual y Terapia de Pareja. E-mail: sentirescis@gmail.com; Tfno.: 633311168.

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