¿HABLAN LOS PADRES CON SUS HIJOS DE SEXO?

Carlos y Felipe son dos niños de 5 años que están hablando entre ellos:
-“Pepito ha enseñado el culo y la colita a Pepita. Y entonces Pepita ha enseñado el culo y la colita a Pepito.”
-“Mentira, que Pepita no tiene colita.”
-“Tiene chichi (risillas)”.
-“No, ¡ya lo sé¡ Yo creo que lo que le ha enseñado es la vajilla.”

Esta conversación infantil tan simpática es muy común entre niños de Educación infantil. Sin embargo es un claro ejemplo de que la confusión de términos empieza desde la más tierna infancia. A los niños se les enseña dónde están y cómo se llaman sus manos, sus pies,  sus brazos, sus piernas,… pero parece que su pene, sus testículos o su vagina no existen. Estos términos se omiten y nos quedamos con el “culito”, “el pito”,…, y en conclusión para el chiquitín: “por donde sale el pis y la caca”.

Sin embargo, si buscamos vocablos en castellano para estos términos, existen innumerables denominaciones a modo de “sinónimos”, para los órganos sexuales de él y de ella, y no precisamente los más adecuados. Estos términos los van absorbiendo los niños en diferentes ambientes y contextos, con una indeterminada idea de lo que se “debe decir o no”, todo ello, acompañado por miradas y risas.
  
Esta inundación de vocablos la comparten muchos idiomas y tiene precisamente su origen en la indeterminación y la evitación poco natural, aunque cultural, de las partes sexuadas de nuestro cuerpo.

Alimentación, cuidado, salud, educación,… son funciones que se sobrentienden como básicas de forma implícita, pero ¿hablan los padres con sus hijos de sexo?

Sobre esta cuestión, nos encontramos con diferentes posturas por parte de los padres. Existe quien opina que para eso está la escuela o, simplemente, muchos padres prefieren posponer o evitar el tema.

Y es cierto que hablar de sexo puede resultar incómodo para padres y adolescentes, e incluso para niños, si observan o intuyen una actitud incómoda y poco natural en sus progenitores respecto a este tema.

Sin embargo, es muy importante que los padres atiendan la curiosidad y necesidad de sus hijos en lo relativo a este tema a medida que se lo soliciten.

Un buen criterio sería ofrecer la información justa que demanden, respondiendo a sus preguntas, pero sin acortar ni extender la respuesta y, por supuesto, adaptándola a un nivel adecuado para que ellos la comprendan.

Según van creciendo, la curiosidad sobre el sexo aumenta y preguntarán más detalles. Lo que sirve con 5 años, no sirve con 7, y lo que sirve a los 7, no sirve con 11. Lo importante es que los padres, o la familia, atiendan su demanda para que los hijos, según vayan creciendo, la utilicen como soporte y base de una correcta educación sexual, sana y natural.

Cuando los hijos son preadolescentes es importante hablar con ellos sobre temas novedosos y muy interesantes para ellos como la menstruación, la masturbación...

Según se van acercando a la adolescencia resulta fundamental tratar con ellos acerca de las responsabilidades y las consecuencias de llevar una vida sexual activa: embarazo, enfermedades de transmisión sexual, medidas de protección y anticonceptivos… Estas cuestiones parece que sí que se hablan, porque está dentro de las preocupaciones de los padres cuando sus hijos adolescentes empiezan a salir en pareja. Frases como “Ni se te ocurra quedarte embarazada” o “si hacéis algo que no debéis, va a ser un problema y no queremos saber nada”, parece que llega a casi todos los adolescentes. Esta posición parental se asienta en la advertencia, en el “cuidadito con”,  pero queda lejos de  cooperar  en el proceso de sexualidad de los adolescentes.

Lo que se nos olvida es que tan importante es hablar con ellos de las posibles consecuencias de las relaciones sexuales, como hablar sobre los sentimientos y emociones que genera el sexo. Precisamente, en este periodo en especial, son necesarias guías e información para que puedan tomar las mejores decisiones respecto al sexo y que sus primeras experiencias sean positivas.

Un buen y sano asesoramiento les hace ser menos influenciables a lo que ven y escuchan, les ayuda a no precipitarse, les capacita para tomar decisiones por ellos mismos y no por la presión externa. En definitiva, les ayuda a entender que el sexo es una decisión que requiere madurez y responsabilidad. Si estos guiones no provienen de la familia, los van a buscar por otros medios, donde la información puede ser inapropiada, parcial o falsa.

Está demostrado que es de una gran ayuda ofrecer una atmósfera esclarecedora y positiva sobre el sexo desde el seno familiar. Esto va a repercutir en aumentar las probabilidades de que los adolescentes pospongan la edad de comienzo de su vida sexual activa y en que usen los métodos apropiados, no sólo de control de natalidad, sino de salud y sexualidad positiva.


Autora: Raquel Valdazo, Psicóloga Especialista en Salud Sexual, Terapia Sexual y Terapia de Pareja. E-mail: sentirescis@gmail.com; Tfno.: 633311168.

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