SINTIENDO OTRA IDENTIDAD DE GÉNERO

¿Qué es ser un hombre? ¿Qué es ser una mujer?

La diferenciación sexual comienza en la concepción, a partir de ahí, se han de suceder una cadena de hechos, donde intervienen cromosomas, hormonas, y una serie de procesos necesarios para la diferenciación masculina (si no se diera, por defecto sería femenina), que desarrollan la diferenciación sexual hasta la pubertad. Sin embargo, la diferenciación sexual no sólo se limitan a la formación de los genitales, sino que actúa igualmente a nivel cerebral, en concreto sobre el hipotálamo.

Además, el proceso de diferenciación sexual no sólo es biológico. El entorno ejerce una gran influencia en la formación de la individualidad de cada sujeto.
Por ejemplo, las asignaciones sociales diferenciales que se suelen imponer desde el nacimiento (nombre, ropa, juguetes, colores) en función del sexo, el aprendizaje social (a qué juegan los niños, a qué juegan las niñas), identificación con iguales,  imitación de modelos, refuerzo de “conductas de rol sexual apropiadas” (docilidad y delicadez versus fuerza y valentía…),...
Sin embargo, a veces, esto hace que una realidad interior quede oculta tras actitudes y comportamientos que no serían los propios o los deseados. En aquellos casos en los que la identidad de género ha sido equívoca, la asignación externa funciona hasta los 13 o 14 años. Usualmente, en la adolescencia emerge esta realidad interior y se impone cuándo el adolescente se pregunta, ¿quién soy yo?
La identidad se define como la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y que la convierte en distinta a las demás personas, a esta identidad pertenece la propia conciencia de ser hombre y mujer.

Es muy importante entender que la identidad de género es independiente de la orientación sexual. La orientación sexual es la atracción romántica, emocional y física hacia otros, que lleva al individuo a establecer relaciones sexuales o de pareja con personas de uno u otro sexo. El hecho de tener una orientación sexual hacia personas del mismo género, es decir, la homosexualidad, no implica tener problemas con la propia identidad de género.
  
Igualmente la identidad de género es independiente del travestismo, donde se usa ropa de otro sexo, bien para obtener excitación sexual o bien para disfrutar de la experiencia transitoria de pertenecer a él (pero sin deseo de pertenecer a él)
También hay que diferenciarlo de los casos de disconformidad con el papel del propio sexo. Hablamos de roles, conductas apropiadas,…

Cuando existe una incongruencia entre el sexo anatómico de una persona y su propia identidad de género, se ha venido hablando del “trastorno de identidad sexual”. Pero, ¿este hecho es un trastorno o sólo se ha catalogado como tal?
Lo cierto es, que en las clasificaciones diagnósticas que tenemos respecto a lo que es un trastorno sexual, se basa en la experiencia subjetiva de malestar en relación con algún aspecto sexual propio. Pero si buscamos experiencias subjetivas de malestar respecto a un aspecto de nuestra identidad, ¿porqué no añadir “trastorno de maternidad, de paternidad”, “trastorno de pareja”, “trastorno de adolescencia, madurez,…”, y un sinfín de trastornos?.

Lo que hoy nos aporta la ciencia, es que estos casos parecen ser consecuencia de un complejo proceso biológico (genético-neuro-endocrino) de contenido biopsicosocial donde no corresponde la diferenciación sexual genital y la diferenciación sexual cerebral.
Esto es algo completamente diferente a una enfermedad mental o a un trastorno mental. Además se conoce que no hay mayor asociación con trastornos de personalidad, ni “conductas desviadas” que en el resto de la población, tampoco psicopatología asociada. Por el contrario parecen presentar importantes recursos adaptativos y gran capacidad de resiliencia, es decir, gran capacidad de asumir con flexibilidad situaciones difíciles y sobreponerse a ellas.
Parece que los trastornos asociados con este “presunto trastorno” son consecuencia de las circunstancias adversas (bulling, rechazo familiar y/o social…) en las que se ven inmersas estas personas.

Por ello, en el caso de tratamiento para ello, este se basa en el apoyo y la orientación durante el proceso de adaptación y ajuste a los cambios vitales y dificultades que vayan surgiendo, con el objetivo de aumentar la calidad de vida y acompañar a construir la identidad sentida por la persona.

¿Quién soy yo? En la búsqueda de identidad de cada persona, todas sin excepción estarán sujetas a sus condiciones biológicas, ambientales, culturales, sociales, psicológicas,…
Ante la búsqueda de identidad no hay normalidad ni anormalidad, y la única respuesta sin excepción es:
Soy una persona única, original e irrepetible.


Autora: Raquel Valdazo, Psicóloga Especialista en Terapia Sexual y Terapia de Pareja. E-mail: sentirescis@gmail.com; Tfno.: 633311168.

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