¿EVITAS LOS CONFLICTOS EN PAREJA?

Desde niños aprendemos a adaptarnos y a reaccionar emocionalmente a nuestras vivencias. Esto permite desarrollar diferentes estrategias para mantener el equilibrio de las relaciones  emocionales. Son la repetición de  estas estrategias las que se convierten en los patrones de relación que repetimos a lo largo de nuestra vida.
Esto no es ni bueno ni malo. Lo importante es la forma en que hemos aprendido a gestionar nuestras relaciones en épocas anteriores; ¿nos ayuda o nos dificulta para nuestras exigencias actuales en pareja?, es decir, nuestra manera de relacionarnos en pareja ¿nos lleva a sentirnos bien o por el contrario al sufrimiento?

Tomemos una pareja, donde uno de sus miembros ha aprendido a relacionarse evitando los conflictos. Esto le ha proporcionado muy buenas relaciones. Pero la pareja es un territorio muy íntimo. Si esta persona, en su relación de pareja,  tiene como prioridad principal conservar la cordialidad y evitar los conflictos, la satisfacción sólo será a corto plazo. Los desencuentros en pareja exigen afrontar conflictos. Pasar por alto pequeños agravios, puede acabar en “aguantar carros y carretas a cualquier precio”. Al final, el conflicto probablemente llegará justo por haberlo estado evitando.

Lo que me gustaría trasmitir es que, sin querer, y de forma mucho más activa de lo que pensamos, mantenemos y alimentamos justo aquello que no nos gusta de nuestra relación. Por supuesto, es muy loable buscar armonía en pareja; pero si esta armonía la colocamos por encima de hacernos respetar y discutir lo que no nos parece bien, pasamos de la virtud a la necesidad. Buscar la armonía es muy buena habilidad, pero no sirve para resolver conflictos. Lo que antes funcionaba ha dejado de funcionar. Las relaciones de pareja exigen adaptación y cualquier patrón, por muy bueno que sea, no funciona cuando no es flexible y se repite continuamente en una relación.

Te propongo reflexionar sobre los conflictos que evitas en pareja. Dónde acaban y cómo acaban. Qué es lo que te impide actuar de otra manera, qué necesitarías, qué tendría que ser diferente, qué sobra, qué falta.

Podemos aprender y practicar nuevas formas de relacionarnos. A partir de uno mismo se puede empezar a cambiar la dinámica de la relación para mejor. Esto está sólo en tus manos, y si lo que has leído te suena, te invito a hacerlo a través de la terapia.

Autora: Raquel Valdazo, Psicóloga Especialista en Terapia de pareja. E-mail: sentirescis@gmail.com; Tfno.: 633311168.

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